El Café de Sherezade: las Mil y Una Noches sólo para bohemios
por Graciela Marquez
Franquear el umbral de El Café de Sherezade equivale casi a abandonar Europa y trasladarse a alguna exótica y populosa ciudad norteafricana. Su aire de cafetín más propio de Fez o el Cairo queda patente desde la primera ojeada.Paredes forradas con arquerías de yeso cuajadas de motivos ornamentales, celosías, tapices y cuadros costumbristas, desvencijadas mesitas octogonales de madera, profusión de cojines; una tenue iluminación que parte de lámparas morunas de metal repujado y cristales de colores, y la mística y evocadora música árabe crean una atmósfera hipnótica, misteriosa y marcadamente decadente.
Las opciones se limitan a café o té verde con hierbabuena o té tojo con canela, ambos muya azucarados, como es costumbre en el Magreb. Los tés se acompañan de una ración de pastelitos y algo de fruta fresca.
La cachimba o tradicional pipa de agua no puede faltar en un local como El Café de Sherezade. La mezcla de tabaco egipcio con miel puede fumarse tanto en las alfombras y cojines de la planta superior como en el ‘chill out’ del sótano; éste sí que sólo para los más alternativos y desprejuiciados.
El Café de Sherezade
Santa María, 16-18 - Huertas
Metro: Antón Martín
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