jueves, 5 enero 2006

Oliver Twist: tierno cuento de Navidad

por Graciela Marquez

No era nada fácil ser pobre en la Inglaterra victoriana. El mayor imperio colonial de la época y uno de los países más industrializados, donde las clases pudientes disfrutaban de todo tipo de comodidades, era por el contrario implacable con las clases bajas, sumidas en la más absoluta miseria y explotación. Y en el escalafón más bajo de esta clasista sociedad estaban los niños huérfanos. En manos de sórdidos hospicios o trabajando como mulas, su futuro no era nada halagüeño.

Eso lo sabía bien Charles Dickens que, si bien vivía con sus padres, conoció de primera mano la pobreza y el abandono de los menos favorecidos. Vivencias que le sirvieron de material literario para obras mundialmente conocidas como David Copperfield o Oliver Twist.

Esta última ha sido llevada al cine en varias ocasiones. La que nos ocupa está filmada por el prestigioso director Roman Polanski, autor de La semilla del diablo o El pianista que ha dejado a un lado las ambigüedades morales y el gusto por lo enfermo e inquietante que caracteriza su obra para hacer de Oliver Twist -2005 una tierna y en ocasiones dura historia sobre las desventuras de un cándido huérfano en un mundo implacable. Entregado casi como esclavo en una funeraria, las duras condiciones laborales y el maltrato al que es sometido le obligan a huir a Londres, donde topará con una peligrosa banda de niños ladrones comandada por el avaro Fagin, un magnífico y casi irreconocible Ben Kingsley. Su única esperanza es conseguir huir y comenzar una nueva vida junto al señor Brownlow.

Rodada en Praga y magníficamente ambientada, la historia elude los elementos más críticos y comprometidos de la novela centrándose en el relato de aventuras, lo que lastra el alcance del filme, que al final se queda en una bonita historia con moraleja, perfectamente disfrutable en estas fechas familiares.




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