Relojes Swatch: precisión suiza
por Graciela Marquez
Aún recuerdo nítidamente mi primer reloj de pulsera. Me lo regaló mi padre una calurosa tarde de agosto, y supuso un pequeño pero importante paso en ese proceso que llaman ‘hacerse mayor’. De repente, mi existencia pasó a estar marcada por una esfera y dos agujas que pusieron hora, minutos y segundos a los principales acontecimientos de mi vida. Una dependencia de los horarios que con la edad y las responsabilidades que conlleva no ha hecho sino aumentar. Ante esta dictadura, lo mejor es poner un toque de diversión y desenfado que rebaje solemnidad al inexorable paso del tiempo. Entre aquel reloj infantil inaugural hasta el que adorna actualmente mi muñeca izquierda han pasado muchos años y unos cuantos relojes, pero todos mantienen una característica común, una suerte de continuidad: Swatch.
La marca suiza irrumpió en el mercado en 1983 y desde entonces se ha convertido en un referente. Sus correas y esferas decoradas con mil y un motivos donde elegir, sus constantes innovaciones y, sobre todo, sus precios han colocado a Swatch como la relojera más conocida del mundo.
Aunque sus modelos pueden encontrarse en varias joyerías y grandes almacenes, la firma posee sus establecimientos propios donde encontrar todo el catálogo de la temporada, desde los modelos clásicos de correa de plástico a otros más sofisticados en piel o metal y la línea para niños y no tan niños Flik Flak. Y es que otro de los aciertos de Swatch es que sigue el ritmo de la moda, con lo que puedes estrenar reloj nuevo cada estación, adaptándolo a tu ropa y estado de ánimo.
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