lunes, 26 diciembre 2005

Sephora, la tienda de los sentidos

por Beatriz Meseguer

Entrar a un establecimiento y tener la oportunidad de probar y experimentar aquello que quieres adquirir otorga un valor añadido al consumidor: la confianza. Utilizar un maquillaje, comprobar el resultado de una sombra en la piel o la fragancia de un perfume ayuda al cliente a encontrar, sin sorpresas, aquello que realmente está buscando.

En Sephora esto no sólo es posible sino que es la peculiaridad que distingue a este establecimiento del resto. Todo empezó cuando Dominique Mandonnaud decidió abrir su primera perfumería en Limoges en 1969. Concibió su negocio, no como una tienda tradicional, sino como un espacio donde poder descubrir los productos, accediendo a ellos mediante los sentidos. Ver, oler, tocar… sin compromiso alguno y con ayuda de vendedoras “consejeras” en belleza.

En Madrid la encontrarás en la calle Aguilera, 62; en la Puerta del Sol, número 3, en Serrano, 47… Merece la pena entrar para experimentar con las mejores marcas y productos exclusivos de Sephora. La cadena lleva el nombre de la esposa más hermosa de Moisés, quien aunaba inteligencia, generosidad y belleza. Quizá, Mandonnaud se inspiró en el Antiguo Testamento para crear una nueva religión en tiendas de belleza.

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El Café de Sherezade: las Mil y Una Noches sólo para bohemios

por Graciela Marquez

Franquear el umbral de El Café de Sherezade equivale casi a abandonar Europa y trasladarse a alguna exótica y populosa ciudad norteafricana. Su aire de cafetín más propio de Fez o el Cairo queda patente desde la primera ojeada.

Paredes forradas con arquerías de yeso cuajadas de motivos ornamentales, celosías, tapices y cuadros costumbristas, desvencijadas mesitas octogonales de madera, profusión de cojines; una tenue iluminación que parte de lámparas morunas de metal repujado y cristales de colores, y la mística y evocadora música árabe crean una atmósfera hipnótica, misteriosa y marcadamente decadente.

Las opciones se limitan a café o té verde con hierbabuena o té tojo con canela, ambos muya azucarados, como es costumbre en el Magreb. Los tés se acompañan de una ración de pastelitos y algo de fruta fresca.

La cachimba o tradicional pipa de agua no puede faltar en un local como El Café de Sherezade. La mezcla de tabaco egipcio con miel puede fumarse tanto en las alfombras y cojines de la planta superior como en el ‘chill out’ del sótano; éste sí que sólo para los más alternativos y desprejuiciados.

El Café de Sherezade
Santa María, 16-18 - Huertas
Metro: Antón Martín



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