jueves, 5 enero 2006

BATAVIA, arte oriental en pleno Madrid

por Beatriz Meseguer

Sin duda alguna, el arte oriental ha vuelto a colonizar muchos de nuestros hogares. Ahora, resulta muy común tener una de esas vajillas cuadradas en nuestra mesa o los típicos farolillos de papel de arroz que iluminan los rincones de nuestras casas con esa luz reservada y cálida.

La decoración asiática ha invadido las revistas de diseño e interiorismo y en Madrid no es imposible encontrar establecimientos donde adquirir productos únicos y exóticos, piezas antiguas y exportadas, muebles coloniales… Un lugar de referencia es BATAVIA. Sus tiendas tienen un toque enigmático, casi mágico. En ellas, puedes encontrar una amplia selección de piezas únicas de China e Indonesia, desde muebles antiguos hasta diseños exclusivos.

Cajas, lámparas, estatuas, cajoneras, cuencos y vajillas de porcelana, espejos, complementos de nácar, cojines de seda… La cadena nació hace casi quince años y comercializan con objetos y muebles de todos los lugares del mundo, especialmente de países asiáticos. Su filosofía da prioridad a la calidad de las piezas exclusivas, además de seleccionar en España, y fuera de ella, los diseños más atractivos que se pueden realizar con materiales y técnicas especiales.

Sin duda, merece la pena conocerla y adentrarse, desde el umbral de sus tiendas, en una cultura tan atractiva y milenaria como la oriental.

En TopMadrid: BATAVIA



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Piscina Bahía Madrid, natación para todos

por Beatriz Meseguer

Llevo practicando natación la mitad de mi vida. Empecé por recomendación de un médico, como opción para mejorar mi pequeño desequilibrio de cadera. El problema se solucionó a los pocos meses y este deporte se convirtió en una sana adicción, no sólo porque entré a formar parte de un club maravilloso, sino también porque se convirtió en una disciplina para mi vida.

La carrera, el cambio de ciudad y el trabajo me alejaron de ella, aunque no he renunciado del todo. De vez en cuando, cuando el estrés y mi cuerpo me lo piden, preparo mi mochila y me dirijo a un polideportivo que tenga piscina para hacer unos largos. Aquí, en Madrid, conozco varios centros. El último que visité fue Bahía Madrid. No es una piscina muy grande, pero ofrece multitud de actividades no sólo para gente que nade por libre, sino también para grupos, niños y mujeres embarazadas. Además, cuenta con una tienda donde adquirir todo lo necesario: gorros, bañadores, gafas, accesorios…

Todas las clases de Bahía Madrid se dividen en quince minutos de gimnasia y cuarenta y cinco de natación, en grupos de doce alumnos. Las tarifas no están nada mal y cuenta con cabinas de rayos UVA para broncearte. Con todas estas facilidades, merece la pena no dejar aparcado el deporte. Si se practica una o dos veces por semana se convierte en una saludable parte de nuestra ajetreada vida.

En TopMadrid: Piscina Bahía Madrid



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Oliver Twist: tierno cuento de Navidad

por Graciela Marquez

No era nada fácil ser pobre en la Inglaterra victoriana. El mayor imperio colonial de la época y uno de los países más industrializados, donde las clases pudientes disfrutaban de todo tipo de comodidades, era por el contrario implacable con las clases bajas, sumidas en la más absoluta miseria y explotación. Y en el escalafón más bajo de esta clasista sociedad estaban los niños huérfanos. En manos de sórdidos hospicios o trabajando como mulas, su futuro no era nada halagüeño.

Eso lo sabía bien Charles Dickens que, si bien vivía con sus padres, conoció de primera mano la pobreza y el abandono de los menos favorecidos. Vivencias que le sirvieron de material literario para obras mundialmente conocidas como David Copperfield o Oliver Twist.

Esta última ha sido llevada al cine en varias ocasiones. La que nos ocupa está filmada por el prestigioso director Roman Polanski, autor de La semilla del diablo o El pianista que ha dejado a un lado las ambigüedades morales y el gusto por lo enfermo e inquietante que caracteriza su obra para hacer de Oliver Twist -2005 una tierna y en ocasiones dura historia sobre las desventuras de un cándido huérfano en un mundo implacable. Entregado casi como esclavo en una funeraria, las duras condiciones laborales y el maltrato al que es sometido le obligan a huir a Londres, donde topará con una peligrosa banda de niños ladrones comandada por el avaro Fagin, un magnífico y casi irreconocible Ben Kingsley. Su única esperanza es conseguir huir y comenzar una nueva vida junto al señor Brownlow.

Rodada en Praga y magníficamente ambientada, la historia elude los elementos más críticos y comprometidos de la novela centrándose en el relato de aventuras, lo que lastra el alcance del filme, que al final se queda en una bonita historia con moraleja, perfectamente disfrutable en estas fechas familiares.


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