Calvin Klein, el diseñador apasionado
por Beatriz Meseguer
La otra noche vi la película “El ladrón de orquídeas” y me sorprendieron, entre otras cosas, algunas frases que merecería la pena enmarcar en el salón. Una de ellas decía algo así: “Me gustaría sentir tanta pasión por algo. Hacerlo mío. Saber qué se siente en ese estado”.Pasión. Pensé en todos aquellos que adoran su oficio y se vuelcan por él. Desde escritores hasta médicos, coleccionistas, pintores… Y también, diseñadores.
Cuando Calvin Klein decidió volcar toda su pasión por la moda, no era más que un niño. Autodidacta, comenzó a dibujar y a coser y, con 20 años, obtuvo un título en el Fashion Institute of Technology. Pocos años después levantó su primer negocio y, con su instinto, dedicación y entusiasmo, se convirtió en un importante referente en la moda mundial al lanzar la marca que firma con sus conocidas iniciales: CK.
Experimentó con abrigos, diseños de ropa deportiva, pantalones y chaquetas informales… también gafas, complementos, fragancias… y hasta la famosa rana René (Gustavo en España) ha posado con su popular ropa interior. Supo fusionar su llamativa publicidad con la moda para destacar la sensualidad, la provocación y la sofisticación de sus creaciones y mantener esa…digamos, pasión por sus productos.
Sus diseños se pueden adquirir en el elegante Barrio de Salamanca, en la calle Ortega y Gasset. Además, sus fragancias se pueden encontrar en cualquier perfumería y la ropa interior en tiendas como El Corte Inglés.
Porque, la moda sin pasión, no sería más que un negocio aburrido.
En TopMadrid: Calvin Klein
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Make Up Store tuvo sus orígenes en una pequeña escuela de
Todo comenzó con el italiano Luciano Benetton, fundador de la franquicia, que tuvo la genial idea de utilizar el “marketing de la provocación”, la rebeldía y la ideología, dejando en un segundo lugar el producto. Su política reside en que nadie caiga en la indiferencia. De este modo, la marca nunca se olvida porque impacta y hace pensar.
Reconozcámoslo: a todos nos gusta una buena fiesta. El problema es la pereza que supone organizarla y el miedo a que no alcance las expectativas creadas. Ambos condicionantes tienen una solución en Los Caprichos de Goya.