Pasarela Cibeles leva anclas
por Clara Isabel Buedo
Con un gesto mohíno y una sensación de satisfacción, levantamos la mano y dijimos adiós a la 43 edición de Pasarela Cibeles, y es que el embrujo cibelino del ‘fashion show’ no deja indiferente a nadie.El preámbulo del fin estuvo aderezado con las colecciones de Anke Schlöder y Carlos Díez, moderada y bastante comercial la colección que nos presentó la primera; y divertida y audaz la del segundo.
Anke sugiere un invierno cálido en el que las bajas temperaturas que caracterizan a la gélida estación, no suponen obstáculo alguno para sus diseños: triunfo absoluto de la falda y el vestido relegando a un segundo puesto al práctico pantalón; miscelánea cromática en gasas, muselinas, tejidos vaporosos que acarician el aire simulando una sutil danza; plisados, jaretas, fruncidos; mangas cortas abullonadas, escotes interminables; estampados con un salpicado de diminutas lentejuelas multicolor, brocados dorados, terciopelo… Aires líricos y con cierto toque barroco en esta ‘ponible’ propuesta para el próximo invierno.
El bilbaíno Carlos Díez nos sorprendió nada más salir a escena: las modelos salieron ataviadas con una mullida barba, seña de identidad del diseñador, y que por un momento nos recordó a las gradas neoyorkinas haciendo homenaje a nuestro Pau Gasol… Estética roquera y punk, parkas negras con importantes capuchones; vaqueros pitillo y vinilo negro; en definitiva una propuesta ‘casual’ y desenfadada, muy aplaudida por los que fuimos testigos en las gradas, siendo de hecho merecedora del premio L’Oréal París al mejor diseñador joven del certamen.
Como colofón, la esperada vuelta de Lydia Delgado a Madrid, que satisfizo con creces al público asistente. Con la cabeza ‘gacha’ vemos como enrollan la alfombra y desmantelan el tinglado hasta la próxima cita… ¿Estaremos de nuevo para contároslo?
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Los 60… época que sin duda dejó huella y se grabó en la memoria de la historia de forma indeleble, revolución cultural que contribuyó a crear una nueva sensibilidad, un punto de partida hacia un mundo nuevo. Aquí surgió el movimiento artístico-cultural más importante del momento: la ‘psicodelia’, neologismo formado a partir de las palabras griegas psyché: alma y délomai: manifestar; la manifestación más rotunda de los sentimientos, de las opiniones, de los valores…, plasmados en el arte, en la cultura, en una nueva forma de vida… Su influencia aún hoy se percibe en múltiples manifestaciones contemporáneas, especialmente en decoración, publicidad, moda…
Durante el conocido como período de entreguerras (entre 1918, año en que finaliza la I Guerra Mundial, y 1939, cuando comienza la II Guerra Mundial), Europa vive una auténtica eclosión cultural. Como suele suceder en períodos históricos agitados y convulsos, la creatividad se abre camino rompiendo con lo anterior y lo académico para plantear así una nueva estética para una nueva humanidad. París o Viena fueron los grandes centros desde donde se irradió ese nuevo arte.