LES NÉRÉIDES, complementos para soñar…
por Clara Isabel Buedo
Con los buenos augurios de las ninfas del mediterráneo, nació en París Les Néréides, en pleno corazón del barrio de Saint Germain, y fue quizás el influjo romántico y sensual de esta bella ciudad el que inspiró cada una de sus creaciones.El éxito conseguido con estas piececitas de colores y brillantes, hizo que tras su inauguración, el negocio comenzara a expandirse abriendo más puntos de venta por toda la geografía francesa y resto de Europa, incluida nuestra capital, llegando a ciudades como Tokio y Seúl.
Tras su llegada a Madrid, el barrio de Salamanca fue el elegido para ubicar esta tiendecita; vitrinas románticas y coloreadas sobre las que revolotean multicolores y animosas mariposillas y en las que yacen pendientes, gargantillas, colgantes, anillos… Hechos a mano y con materia prima de primera calidad como perlas, cristal de swarovski, piedras semipreciosas; con bordados, de porcelana… Multitud de estilos entre los que poder elegir: con cierto aire barroco, ensoñador, étnico, sobrio… Ideales acompañando a uno de esos tops de encajes y volantes que parecen venir arrasando para las tórridas tardes estivales…
En TopMadrid: Les Néréides
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¿Alguna vez no te has dejado embaucar por la risa sincera, pura y profunda de un bebé?, ¿no has sentido un estallido de alegría sin saber muy bien por qué al oír tan grato alborozo?, ¿no has notado que la vida parece más benévola cuando las carcajadas se apoderan de tus pulmones? Gracias a ella sientes cómo se libera tu organismo de toda la opresión y sinsabor que gobiernan tus días… Pablo Neruda en cierta ocasión dijo: “Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites la risa”...
En la provincia de Henan —una de las principales cunas de la milenaria civilización china, flanqueada por las montañas de Taihang, Funiu, Tongbai y Dabie, y bañada por las aguas del río Amarillo—, se encuentra el Monasterio de Shaolin, fundado en el año 520 por el monje hindú ‘Da Mo’. Da Mo, que tras nueve años de meditación creó una nueva rama del budismo que posteriormente sería bautizada como ‘zen’, para evitar la atrofia derivada de la inmovilidad propia de la meditación y fortalecer el cuerpo, desarrolló una serie de curiosos ejercicios surgiendo así un nuevo