viernes, 12 mayo 2006

Quechua, tiendas de campaña listas en dos segundos

por Beatriz Meseguer

Mis padres solían llevarnos de camping a mi hermano y a mí cuando éramos niños. Nos encantaban los veranos en que mi padre se volvía loco intentando encajar todos los trastos veraniegos en la vaca de nuestro viejo Renault 19. El último año que fuimos a un camping, en plenísimo agosto y a mediodía, la tartana se nos paró en mitad de una desértica carretera de Jaén. Estuvimos esperando 3 horas hasta que pasó un coche… Nadie volvió a sugerir la idea de volver a aquel camping hasta que mi padre no cambiara de auto.

Sin embargo, recuerdo con especial cariño el momento en el que los cuatro intentábamos montar nuestra dificilísima tienda de campaña. Dos habitaciones más bien grandes, un reducido pasillo y un pequeño toldo exterior conformaban el armatoste. Los palos, las cuerdas, la lona, los pinchos, los sacos, el libro de instrucciones… Toda una odisea para montar aquel “palacio árabe” que mi padre se empeñó en comprar y que, un par de años más tarde, se convirtió en suculento pasto para las cucarachas.

Hoy, ojeando una revista, he rememorado esos veranos en los que, tras levantar aquel complicado “chalet”, todo era diversión, sol y playa. En ella aparece una foto de una acogedora y funcional tienda de campaña para dos personas de la marca Quechua, propia de las tiendas Decathlon. Por unos 50 euros se puede adquirir esta ingeniosa tienda que se monta en tan sólo ¡dos segundos!

Únicamente, se elige el sitio, se lanza al aire y ésta se abre desplegándose como una mariposa. Luego, se pliega convirtiéndose en una especie de “caparazón-mochila” fácil de transportar. Ni martillos, ni enredos de cuerdas, ni instrucciones de dónde van las lonas... Ni refunfuños, ni malas caras, ni peso de más. Con un par de estas tiendas, mi familia hubiera disfrutado aún más aquellas vacaciones en las que todo, excepto nuestra tienda de campaña, era mucho más fácil.

De venta en: Decathlon



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"Espinete no existe" en el Teatro Gran Vía de Madrid

por Beatriz Meseguer

No me niegues, estimado lector/a, que de vez en cuando te vuelves niño a través de una imagen, un olor o una canción que rescatas del presente para rememorar toda la nostalgia de un pasado en el que los problemas medían metro y medio, los días eran demasiado cortos y las excusas para no ir al colegio bastante más ingeniosas que las que ponemos ahora para no trabajar.

De repente, parece que esa nostalgia hubiera resurgido con fuerza en la generación de los 70 y de los 80, que han transformado aquellos recuerdos en guiones, series, espectáculos e, incluso, comedias teatrales. Cuéntame cómo paso, Soy el que más sabe de TV del mundo o la obra Espinete no existe.

Ésta, basada en los monólogos del Club de la Comedia, refleja una comedia nostálgica y con cierta sátira sobre nuestra infancia y esos recuerdos compartidos de “lugares comunes” que nos han marcado. Las codiciadas chucherías, los inexpresivos Playmobil, los programas de televisión, los cuadernos Rubio de caligrafía… todo contado por el polifacético Eduardo Aldán desde una curiosa, canalla e irónica perspectiva que nos descubrirá los aspectos más “oscuros” de aquellos años, como las cosas que nos decían que existían y no existen o con qué nos engañaban de pequeños.

Noventa minutos repletos de nostalgia y diversión para los que se niegan a crecer del todo…

…porque Espinete, el erizo rosa que no parpadeaba y vivía en el barrio más feliz del mundo, fue el mejor amigo de nuestras meriendas infantiles.


En TopMadrid: "Espinete no existe" en el Teatro Gran Vía

Horario:
  • miércoles y jueves a las 21.30 horas
  • viernes y sábados a las 22.30 horas
  • domingos a las 19.00 horas



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