MUNDIAL DE FÚTBOL 2006, furia patriota
por Clara Isabel Buedo
Me enorgullece ser española. Orgullo de sentir a España mi patria, mi hogar… Sentir y hacer nuestros los volantes y los lunares, el rojo y el amarillo, los toros ¡y el jamón!, estandartes de la alegría española, del gozo de su gente, de unas raíces sin parangón…Me emociona sentirme española, el júbilo y solidaridad hispánica nunca jamás la vi en otro país. Me estremece sentir el eco de la trompeta al son de un pasodoble español, el zigzagueo de volantes y el desgarro del grito flamenco ensalzando una emoción…
Que el fútbol es el deporte regio en este rojilimón país, es un hecho. Todo el planeta es capaz de aullar al unísono en pos de su nación. Cómo un mundial de fútbol puede hacer mover fronteras patrias, cambiar la estética urbana y convertirla, durante 90 mágicos minutos, en un desierto de almas con calles desamparadas, ausencia de humos e inexistencia de coches, es un misterio… Tan sólo del penetrante silencio que cubre el asfalto se escapan al aire desde balcones y ventanucos un coro de goles y uyyys y todos al alimón arrancándose por soleares con ese estremecedor ¡viva España!
El peso de una selección no sólo lo llevan los once pilares que colonizan el terreno de juego, el fervor y la abnegación de los aficionados por el delirio de los goles, el desasosiego de las faltas y el goce del triunfo, constituyen el punto necesario para formar una i. Un país entero volcado, vestido en rojo y amarillo, desbordado por la esperanza de dedicar al cielo español esa deseada copa, la copa del Mundial… Nunca imaginé que un estribillo tan sencillo pudiera causarme tanta emoción, ¡a por ellos, Oé!
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Que la música amansa a las fieras, es un hecho. Qué tendrán esos vibrantes ritmos que hacen callar a los bebés más rebeldes y apaciguan el alma de los más irascibles una vez han entrado en contacto con el cerebro…