PANTA RHEI, una librería en Madrid muy especial
por Beatriz Meseguer“…ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño…Aquel hombre tenía sobre las rodillas un libro que había estado leyendo, porque al cerrarlo había dejado entre sus páginas el gordo dedo índice de la mano izquierda… Bastian se dio cuenta de que, durante todo el tiempo, había estado mirando fijamente el libro que el señor Koreander había tenido en las manos…Era como si aquel libro tuviera una especie de magnetismo que lo atraía irresistiblemente…”
Cuando Michael Ende escribió La Historia Interminable de seguro soñó con alimentar a sus lectores con ese ingrediente indispensable con el que fue rellenado cada una de sus deliciosas páginas: la Fantasía. Lo leí con 13 años y lo he vuelto a leer 10 años después, sintiéndome una vez más como su protagonista y con la misma ilusión por encontrar una librería como la del señor Koreander donde pueda hacerme con un libro inolvidable.Y, en mi empedernida búsqueda, ha llegado a mis manos información sobre una tienda que podría ser la que busco. Se llama Panta Rhei, y por lo que sé de ella, tiene cierta magia. Se trata de un espacio dedicado a la cultura contemporánea donde se pueden encontrar libros de diseño, publicidad, catálogos de exposiciones, de moda e ilustración, cuentos, literatura infantil y adulta ilustrada y objetos de regalo.
Además, me ha llamado la atención que en Panta Rhei realizan exposiciones muy variadas de ilustradores y diseñadores, como la de Nikita Rodríguez –Trastos en la Buhardilla-, que nos cuenta con sus dibujos aquellos recuerdos y miedos que dejó olvidados en el altillo y que ahora rescata a punta de lápiz. Un lugar distinto donde comenzar una posible historia interminable…
En TopMadrid: Panta Rhei
más en: De compras, Libros, Librerías Generales, Regalos

Como todas las mañanas, hoy he tomado el metro para ir al trabajo. Para no romper el hilo de la rutina establecida he seguido los mismos pasos de todos los días: esperar, defender mi puesto para subir al vagón, tomar aire antes de que se cierren las puertas para sobrevivir al olor a humanidad matutino y apretujarme cual pieza de Tetris mal colocada.