Hotel 7 COLORS ROOMS en Madrid
por Clara Isabel Buedo
Madrid nos crispa, nos colma de irritación con sus mil grúas surcando el horizonte, nos abrasa la paciencia con estas desmesuradas temperaturas y su genuino ambiente seco, nos desquicia la alegría con el tráfico constante y los tumultos callejeros…, pero aun así, lo adoramos. Si eres de los de la Cofradía del ceño fruncido o del Clan de las mandíbulas apretadas, intenta relajar tus músculos faciales con la cromoterapia. ¿Cómo?, pues sigue leyendo.Las habitaciones del Hotel 7 Colors Rooms, están diseñadas bajo las directrices y principios de la cromoterapia, esa terapia alternativa energética que a través de los colores armoniza nuestro ‘cuerpo-mente-espíritu’, incluso se le atribuyen efectos beneficiosos en el campo de la salud… O sea, que si estás alicaído o bajo de todo: habitación naranja, nos dicen que ayuda a disfrutar del placer sexual y a aliviar la excesiva seriedad o aburrimiento; que la zozobra o los celos no te dejan conciliar el sueño: habitación rosa, calma las emociones violentas y ayuda a liberar el resentimiento…
Dentro de la filosofía del cheap and chic, ofrece alojamiento ultramoderno a precios más que razonables, para dejar bien claro que la elegancia y la vanguardia no tienen porqué ir necesariamente de la mano de unos precios por las nubes. Un plus: su servicio de ‘meeting point’, zona de servicios comunes del hotel donde podrás encontrarte con otros huéspedes, navegar por Internet, leer el correo electrónico y donde podrás disfrutar del desayuno a cualquier hora; o sea, que si eres de esos trasnochadores que se suelen perder el desayuno en todos los hoteles, aquí estás de suerte, su zona de autoservicio está a tu disposición todo el día.
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Hojeando una de mis revistas de moda preferida, con el pensamiento ausente de mi salón pero muy presente en esos destinos con encanto que con tan buen acierto nos presentan, esas trémulas olas de las costas del Pacífico o esos paraísos escondidos con esas chaise-longues reposando en las finas arenas de playas infinitas o esos escondites africanos en los que parece pararse el mundo de su constante ajetreo, y por arte de birlibirloque, yo me planto en esos majestuosos aposentos con sedosos velos colgando y esa decoración multirracial que… ¡Ups!, vaya, estamos en Madrid…