MANOLO BLAHNIK, calzado para los más exigentes
por Raquel LozanoLa industria no puede ser ignorada, está presente en cada paso que damos, en cada objeto que vemos e, incluso, en cada idea que pensamos. Moda, como tal, es un concepto muy amplio. ¿Quién dice lo que está de moda y lo que no? Los diseñadores, los empresarios, nosotros mismos. A veces víctimas, a veces verdugos.
Lo que sí está claro es que seas como seas, vistas como vistas y hagas lo que hagas, tienes que ser coherente contigo mismo. Con tu forma de ser, con tus gustos y con tus pensamientos. Y eso es algo que también se ve reflejado en el mundo del calzado.
De nada sirve defender un estilo propio si no lo mantienes de la cabeza a los pies. Y ésta es la filosofía de Manolo Blahnik, nuestro diseñador de zapatos más internacional. Nacido en las Islas Canarias en 1942, desde que abrió su primera tienda en los años 70 ha conseguido que sus creaciones se conviertan en el “complemento imprescindible” de cualquier ocasión.
Sus diseños inspirados en África, Cuba, Italia o Persia, destacan por la elegancia, la calidad de sus materiales y porque están diseñados pensando en una mujer moderna, independiente y adaptada a su tiempo.
La diseñadora Carolina Herrera ha llegado a decir que gracias a él tiene piernas. El éxito que ha cosechado este artista hace que sus zapatos no sean cualquier cosa, sino que tienen nombre propio, son unos “Manolos”. Tanto es así, que los más adinerados no lo dudan un segundo: gastar 600 euros en un “Manolo” no es nada. La calidad y el buen lo requieren.
En TopMadrid: Manolo Blahnik
Lo que sí está claro es que seas como seas, vistas como vistas y hagas lo que hagas, tienes que ser coherente contigo mismo. Con tu forma de ser, con tus gustos y con tus pensamientos. Y eso es algo que también se ve reflejado en el mundo del calzado.De nada sirve defender un estilo propio si no lo mantienes de la cabeza a los pies. Y ésta es la filosofía de Manolo Blahnik, nuestro diseñador de zapatos más internacional. Nacido en las Islas Canarias en 1942, desde que abrió su primera tienda en los años 70 ha conseguido que sus creaciones se conviertan en el “complemento imprescindible” de cualquier ocasión.
Sus diseños inspirados en África, Cuba, Italia o Persia, destacan por la elegancia, la calidad de sus materiales y porque están diseñados pensando en una mujer moderna, independiente y adaptada a su tiempo.
La diseñadora Carolina Herrera ha llegado a decir que gracias a él tiene piernas. El éxito que ha cosechado este artista hace que sus zapatos no sean cualquier cosa, sino que tienen nombre propio, son unos “Manolos”. Tanto es así, que los más adinerados no lo dudan un segundo: gastar 600 euros en un “Manolo” no es nada. La calidad y el buen lo requieren.
En TopMadrid: Manolo Blahnik
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Cuando era jovencita, en esos flirteos alocados y tan propios de la edad del pavo, tuve un ‘pretendiente’ que deseaba pasar todas las horas, minutos y segundos de su vida a mi lado... En un coqueto y muy femenino gesto de indiferencia le dije que ‘necesitaba tiempo’. Él bajó su mirada, hizo un ademán de hurgarse en su muñeca izquierda y me alargó su reloj diciendo: tómate todo el tiempo que necesites... Ciertamente romántico. Aquel reloj se quedó grabado en mi mente como el gesto más amoroso de todos cuantos he experimentado.
El prestigio y el reconocimiento a una labor bien hecha, no es algo que se consiga de forma gratuita ni de la noche a la mañana; el tesón y el ímpetu, son dos factores que ayudan mucho a que los sueños se hagan realidad. Eso quizá debió pensar la diseñadora de calzado Sara Navarro, que a pesar de licenciarse en psicología, su creatividad y su marcada personalidad la hicieron encaminarse por derroteros más artísticos hasta conseguir diplomarse en estilismo de calzado y moda.
En los años 40 se abre el primer taller de esta emblemática firma en pleno centro de Madrid, donde se realizaban a medida prototipos de bolsos y cinturones que se vendían por encargo. Algo nuevo se estaba fraguando en lo que a moda se refería, era el época del ‘new look’ de Dior. Los 50 supusieron el advenimiento del rentable prêt à porter y la estética de las pin-up causó furor. Los 60, la eterna década de la minifalda y la revolución cultural y social, supuso para Acosta el inicio de una nueva etapa de expansión, florecimiento y reconocimiento que seguiría en los 70, 80, 90...