ATASHI, nueva gama de cosméticos sensoriales
por Clara Isabel Buedo
Los estudios lo confirman: altos niveles de estrés y envejecimiento precoz están relacionados. Un interior estresado no puede emanar belleza al exterior, por ello, las terapias holísticas se conciben como un remedio placentero a la par que eficaz. El uso de aromaterapia, cromoterapia o musicoterapia, disciplinas archiconocidas hoy en día, proporcionan bienestar a la mente a la vez que repercuten en el cuerpo; por ello, no es de extrañar que cada vez más surjan técnicas que se basen en estos principios.La cosmética sensorial no se propone otra cosa que llegar a la belleza a través de los sentidos; el tacto, el olfato y la vista se aúnan en pro de nuestra satisfacción y nuestra lozanía. Recién salida al mercado se encuentra la firma Atashi —‘yo’ en japonés—, que se compone de una amplia gama de productos de alta tecnología cosmética basados en la relajación.
Un sinfín de sustancias activas —más de 50 de última generación—, como moléculas antioxidantes, aceites esenciales o filtros UV, interactúan en simbiosis con texturas aterciopeladas, aromas a té verde o vainilla, diseños minimalistas y sustancias que activan la producción de endorfinas potenciando las sensaciones positivas y con ello el bienestar de la piel.
Eisei (vida), gawa (río), hoken (bienestar) o seihun (pureza), son los sugerentes nombres de cada uno de estos productos que se dividen en: tratamientos faciales (crema hidratante, antiarrugas, contorno de ojos y serum), corporales (body milk) y de limpieza (leche limpiadora, exfoliante y tónico facial) que se dirigen impertérritos a un cometido único, mantener sana tu piel a la par que estimulan tus sentidos. Disfruta de una ‘experiencia Atashi’ con velas, incienso, música relajante y una infusión caliente y el estrés se esfumará en un periquete…
De venta en farmacias
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Quizá sea verdad que en moda ya se ha inventado todo y es por ello por lo que no paramos de ver versiones reinventadas de épocas pasadas temporada tras temporada… Hay diseñadores que optan por esto, por traer al presente estéticas históricas o fusionar ayer y hoy con gracia e ingenio para ofrecer nuevas alternativas; pero también los hay que se desligan de la corriente general y no renuncian a seguir desarrollando un estilo propio y muy característico, innovador y genuino, delator a gritos del artífice de la creación.
Hace aproximadamente cuatro temporadas llegaron a España las
Cuarenta y cinco años después de su nacimiento existen varios modelos: con tira por detrás, con tacón, con banderita, sin banderita, de varios colores...
Cuando llega el calor, a unos les da por ir a la piscina, a algunos por tomar refrescos y a otros por comer helados. Antes no tomaba muchos helados, me sentía identificada con Ross, el personaje de Friends, en aquel capítulo en que Mónica desvela que a su hermano no le gustan los helados "porque están muy fríos", para la sorpresa del resto. Yo pensaba que no me gustaban pero es que, en realidad, nunca había probado un helado de verdad.
A la semana siguiente volví a Los Alpes con mi tarjeta fidelidad, ansiosa por llevarme esa tarrina gratis al completar todos los sellitos del cartón. Volví a pedir fresa y chocolate (que resultó ser gianduja, un delicioso praliné) y también me decidí a probar el sorbete de melón y la crema de nata con piñones. Mis visitas a Los Alpes se repitieron durante todo el verano y probé casi todos los sabores.
Tal vez sea una equivoca opinión mía, si así fuera, ruego me disculpéis, pero tengo la ligera impresión de que a nosotros, españolitos de a pie, esto de la pintura chicana parece sonarnos más a chino que a chicano. Sospecho que precisamente por eso La Casa Encendida, en un claro afán de acercarnos a este movimiento tan presuntamente ajeno a nuestra cultura, ha tenido a bien reunir casi setenta obras en las que se refleja el trabajo de varios años de ocho artistas representativos de esta corriente del barrio este de Los Ángeles.El arte chicano surge de la reivindicación; la reivindicación de un grupo de personas que lucha por algo que siente le fue arrebatado.
Según la tradición literaria iraní, cierto día, los pájaros decidieron ponerse a buscar un rey. “Todos los pueblos de la tierra tienen un jefe y nosotros no.” Celebrada una asamblea, parten para ir a buscar el Simorgh, el Fénix, y darle todo el poder sobre ellos.
Me gusta pensar que esta obra ha nacido tres veces. Nació sin querer y por vez primera el día que Genet escribió la palabra fin bajo el último renglón de su cuaderno, todavía húmedo por la tinta. La segunda vez que nació fue fortuita; imagino que Sartre se sintió como un explorador al encontrar el único ejemplar manuscrito que Genet olvidó (o quiso olvidar) destruir; imagino que lo cogió, lo miró, sonrió (y eso que Sartre no tiene pinta de haber sonreído demasiado a lo largo de su vida) y lo apretó contra su pecho. Ahora, queriendo, ha renacido bajo los ojos y las manos de Mauro Armiño, quien se ha lanzado a traducirla, adaptando su texto para que luzca espléndida en el Teatro Valle-Inclán.